Los zorros y el desierto

02.07.2014 12:47

Paradójicamente, el Mundial de Brasil se está convirtiendo en el campeonato de los humildes. El efervescente clima social que rodea la competición parece instigar a los menos poderosos, la rebelión del pobre ante el rico. Méjico, Costa Rica, Chile y Argelia ya no tienen miedo, creen en ellos mismos, y éste es el primer paso de toda revolución. En Beira-Rio y frente a Alemania, los zorros del desierto reafirmaron el proceso de cambio. Atléticos y disciplinados, los argelinos batallaron sin descanso hasta que Sandro Ricci pitó el final.

Ghoulam fue un punzón en la primera mitad, ridiculizando los robóticos movimientos de la zaga alemana, exclusivamente enérgica con Neuer. Slimani calzó aterciopeladas botas, que acompañaron a su irremediable potencia en busca del gol. Alemania era plana y paralela, empalagosa y tímida. Ozil se dejaba ver, Gotze anduvo torpe y Muller revoloteaba. El guardameta M' Bolhi despachaba con gusto los escasos intentos germanos.

Arrancó la segunda parte con un dominio mareante impulsado por Toni Kroos. Loa argelinos pedían agua en el desierto y sus ataques cada vez tenían menos luz. Muller actuó de zorro, con sus medias extemporáneas, mordió en los cuellos magrebíes causando heridas que finalmente serían mortales. M' Bolhi y su carismática barba salvaban a los africanos, que jamás perdieron la fé. Gracias a ello, alcanzaron la prórroga. Khedira dinamizó el engranaje alemán, inédito, y Schurrle se encargó de apuñalar a una Argelia extenuada, pero que miraba a los ojos. Ozil removió un gol del cansancio y Djabou remató con el alma el 2-1 definitivo. Los grandes han de sudar para conservar su poder. Argelia pellizca al proletariado.